Los tres enemigos
La luz es el más rápido: la radiación UV descompone las moléculas aromáticas, empezando por las delicadas notas cítricas y herbales de la salida; el perfume se vuelve plano, se tuerce hacia lo agrio y el color se oscurece. Por eso los buenos perfumes vienen en caja, y por eso un frasco no debería estar en una repisa soleada, por bonito que quede ahí.
El calor acelera cada cambio químico dentro del frasco: cuanto más calor, más rápido envejece la composición. Y los cambios de temperatura son aún más traicioneros que un calor constante: el sube y baja continuo de duchas y ventanas abiertas actúa dentro del frasco como una cámara rápida.
A los perfumes naturales todo esto les afecta especialmente: los aceites esenciales son mezclas vivas de muchísimas sustancias, sin estabilizantes sintéticos; lo que les da carácter también los hace más sensibles.
El sitio adecuado
Lo ideal es un armario o un cajón del dormitorio: oscuro, a temperatura constante, seco. Mejor todavía: dentro de su caja original, que no es un envase de sobra, sino una protección contra la luz que el fabricante entrega junto con el frasco. Quien se lo toma muy en serio guarda incluso en la nevera un perfume favorito ya abierto que quiere conservar mucho tiempo; para el día a día, el armario oscuro sobra.
Y además: frasco cerrado y siempre de pie. Cada contacto con el aire mete oxígeno, y un frasco tumbado deja que el perfume trabaje permanentemente sobre el cierre.
Cómo notas que un perfume ha envejecido
Tres señales: el color se ha oscurecido claramente, la salida huele apagada, agria o a disolvente, y faltan las puntas frescas; solo queda la base pesada. Muchas veces solo está afectada la nota de salida: la primera pulverización huele raro y, un minuto después, el perfume vuelve a ser el de siempre. Entonces merece la pena seguir usándolo en lugar de tirarlo.
El pequeño ritual de guardar
Nuestra propuesta para el día a día, sin ceremonias: el frasco vive en el armario, no en el baño. Te lo pones después de la ducha, en el dormitorio; la piel es ahí, de todos modos, mejor sitio que el aire húmedo del baño. Y si tienes varios perfumes, apunta la fecha de compra en pequeño en la base de la caja: no es una fecha de caducidad, solo una nota honesta que más adelante te ayudará a situarte.

